Yvonne Venegas pasó su infancia en el estudio fotográfico de su padre —establecido en 1972, en Tijuana— y, desde temprana edad, comenzó a aprender el oficio de retratista simplemente por verlo trabajar. Cuando cumplió 16 le obsequió una cámara; la vio como una herramienta natural “para seguir de chismosa”. 

Aquellos años, además de forjar su ojo, la hicieron presenciar centenares de eventos que don José Luis Venegas cubría: bodas, bautizos, primeras comuniones, graduaciones y demás. De ellos surgieron miles de fotos, de las cuales una primera revisión, conformada por más de 400, serán presentadas en la muestra Días únicos: el estudio y su archivo, que inaugurará el en Arkhedia del MUAC.

“Hace años descubrí el archivo de mi papá; ya sabía que en este había algo importante, pero cuando comencé a buscar en él los momentos que me gustaba editar de mi propia obra, me di cuenta de que su trabajo y el mío tenían un paralelo claro: era como si yo hubiera ido a tomar esas fotos a los 70. Es una conexión muy fuerte y emotiva, casi como la del ADN”, expresó Venegas a La Razón.

La muestra retrata la evolución de Tijuana en los años 70 y 80 y el desarrollo de sus habitantes, influidos por las modas californianas; “es la transformación de la ciudad a través de los bienes materiales y los espacios que rodean a los personajes: a inicios de los 70 veías las sillas Carta Blanca como el lujo más grande de una boda, y más adelante ya son muebles de Tiffany”.

“También se observa a las personas aprendiendo a presentarse ante la cámara: al principio eran torpes y con cuerpos rígidos, en aquel entonces la gente no reaccionaba inmediatamente; pero con el tiempo se ve la glamourización de los rituales, se transforma la vestimenta, y la novia cada vez es más nice, pues la fotografía de sociales es un reflejo de cómo queremos ser recordados”, añadió.

En gran parte de las fotos destaca el “momento vulnerable”: aquel en que no se sabe qué está ocurriendo y que no posee una explicación clara, y en caso de que sí la tengan no es de gran significado; “esos instantes en que no estamos acomodados ni perfectos para la foto, sino que simplemente pasan y que describen más del grupo retratado pues son más íntimos… Son joyas y mi obsesión”.

“Siento que ésos eran los instantes que mi papá desechaba cuando hacía su edición”, abundó.

Con este proyecto, Venegas, afirmó, que está aprendiendo el reconocimiento de los trabajos de archivo. “Me siento muy conectada con el acervo de mi papá y, de alguna manera, estoy haciendo una apropiación total; es como si realmente yo hubiera tomado las fotos y que lo único que me aleja de ello es que no estaba ahí… bueno, en algunos casos sí, pero de niña, cuando me llevaban a las bodas. Como mis recuerdos están tan directamente ligados al archivo, al trabajar con él siento que estoy moviendo muchas cosas tanto de mí como de la gente que sale en las fotos”.

“Estos proyectos hacen comentarios de lo que somos como sociedad; el que artistas contemporáneos trabajen archivos que están ahí en el olvido es importante pues los llevan de nuevo a la luz y hacen un diálogo con un pensamiento actual y uno pasado. Es valorar nuestra historia”.