Uno de los personajes que me han servido de inspiración a lo largo de mi vida es Winston Churchill. No es noticia para quienes me conocen que cito con frecuencia sus frases y trato de leer lo más que puedo acerca de su fascinante historia como político y líder. Pero, más que la figura destacada, Churchill fue un hombre de ideales y convicciones que defendió a toda costa para lograr el bien común de su sociedad en las peores circunstancias, ni más ni menos, las que provoca una guerra mundial.

De las múltiples frases que escribió a lo largo de su vida (ganó un Premio Nobel de Literatura) hay una que dice lo siguiente: “un hombre hace lo que debe, a pesar de las consecuencias personales, a pesar de los obstáculos, peligros y presiones, y eso es la base de la moral humana”.

Provengo de una familia de inmigrantes que huyeron precisamente del horror de esa guerra y México los recibió con la enorme generosidad que caracteriza a esta tierra. Aquí nací, nacieron mis hijos y mis nietos. Desde muy joven aprendí que participar era el camino para cambiar aquello que no estaba correcto o que podía afectar nuestro buen y bien vivir.

Preocuparnos por el bienestar de otros es una vía segura de lograr el bienestar de los tuyos y el propio. Como estudiante pude comprobar que involucrarnos para encontrar las soluciones a los problemas que nos aquejan construye comunidades y teje redes de colaboración que permiten vivir en armonía, paz y tranquilidad. Aunque mi trayectoria inició en el medio empresarial, pude seguir vinculado a iniciativas de cooperación enfocadas en ayudar a otras personas. Siempre he estado convencido de la riqueza cultural, natural y social de este país al que considero el mejor del mundo y en el que aprecio haber nacido. No obstante, como muchos mexicanos, fui víctima de delitos en épocas donde el deterioro social y económico afectó el desarrollo de nuestra nación.

Uno de mis ideales ha sido dejar a mis hijos y a sus familias un mejor país que el que yo recibí de mis padres. Hace poco más de una década, un gran amigo me habló de la posibilidad de construir una organización civil que atendiera a víctimas del delito en la Ciudad de México y fortaleciera con acciones, programas y métodos, la prevención y la sana convivencia ciudadana. Durante ese tiempo tuve el honor de encabezar a un grupo de mujeres y hombres comprometidos con su ciudad y con la gente que era afectada por el delito. El modelo creció en el país y llegó a ser un ejemplo internacional de que ciudadanos y autoridades sí podíamos trabajar en conjunto para mejorar nuestras condiciones de vida.  A lo largo de ese camino conocí personas extraordinarias, como la actual secretaria de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez Velázquez, quien amablemente me hizo la invitación al inicio del año para unirme a su equipo de trabajo al frente de la Dirección General de Seguridad Privada.

El servicio público ha sido una nueva experiencia llena de retos y de satisfacciones, porque nuevamente es una oportunidad de contribuir a resolver la gran preocupación que tenemos los mexicanos: la seguridad. He aprendido que, con buena coordinación, comunicación y colaboración, podemos reducir las conductas antisociales, además de trabajar con voluntad, compromiso y honestidad para que las causas que motivan los delitos desaparezcan y no sean más un incentivo del dinero fácil y el espejismo de una prosperidad inmediata.

En este camino también he comprobado que hay mexicanas y mexicanos que no se rinden y siguen haciendo lo que les toca para que consolidemos las bases de un desarrollo que siempre hemos buscado. Hoy respaldo y formo parte de un proyecto de nación que estimo es el correcto, por lo que pondré el trabajo y el esfuerzo que me corresponde para ayudar a que esas bases sean sólidas y sirvan de legado para las siguientes generaciones. He recibido un nuevo nombramiento como comisionado del Servicio de Protección Federal, el cual agradezco al Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, y a la secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez Velázquez, por su confianza. Asumo esta responsabilidad pública con la convicción de conducir a una institución que acaba de cumplir trece años de existencia bajo los principios de lealtad, honestidad, transparencia y cero corrupción, valores que distinguen al gobierno de la República.

Continuaré expresando mis opiniones en espacios como éste, el cual también agradezco a Grupo Imagen y a Excélsior, la casa editorial que me ha dado esta gran oportunidad de expresarme. Participar es un acto de compromiso social y es el aporte que cada uno puede ofrecer para que seamos el país que hemos demandado y que merecemos, porque el principal valor de México es su gente y por eso debemos trabajar para que, unidos, avancemos como una sola sociedad.

FuenteExcelsior

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