Siendo sub director de Intercambio Académico me encargué de organizar cuatro encuentros de rectores como respuesta al secretario de educación Reyes Heroles que trataba de meter las narices en el manejo financiero de las Universidades y con eso controlarlas. El rector de la UNAM Rivero sostenía que las universidades tenían órganos de control y la auditoria superior de la Federación las auditaba. ¿Por qué la insistencia de Reyes? Tal vez por el deseo gubernamental de controlar a las casas de estudio, que durante el siglo XX fueron semillero de líderes políticos.

¿O acaso el secretario sabía que el proceso de auditoría es insuficiente? Siendo Director de El Colegio de Chihuahua un alto funcionario de la Secretaría de Hacienda me dijo que bastaba con que el gasto estuviera sustentado. Yo podía gastar un millón de pesos, que para efectos de auditoría era suficiente que estuvieran sustentados con una factura. En eso se basó la “estafa maestra”, sustentaron miles de millones de pesos con facturas falsas. Hasta que unos reporteros se pusieron a hurgar.

¿Por qué las universidades se prestaron a esa maniobra que desfalcó fondos de lucha contra la pobreza? En primer lugar, porque en contra de la imagen romántica, la mía por ejemplo, no son islas de probidad. Un país consumido por la corrupción cierra los resquicios de honradez.

En la época de Reyes la corrupción no estaba desbocada. Pero las universidades evolucionaron.

1) Muchos funcionarios universitarios se dan la gran vida. Gastos de representación casi sin límite, viajes, vehículos, gasolina, chóferes y teléfonos celulares.

2) Caprichos académicos. La UNAM abrió una oficina en Chicago, el funcionario designado compró una casa vieja cuya remodelación costó una millonada porque las normas actuales son muy caras. La casa está subutilizada. Muchas universidades han abierto oficinas foráneas (Los Angeles los atrae) sin un propósito científico o académico claro y un costo financiero altísimo. ¿Qué le ha aportado a la ciencia mexicana la oficina de la UNAM en China?

3) Muchas universidades han hecho un mal manejo de las pensiones, algunas usan esos fondos para deshacerse de enemigos, y premiar amigos. Hay gente cobrando pensión sin haber aportado un peso al fondo de pensiones.

4) Oferta educativa. La SEP presiona a las universidades para que amplíen la oferta educativa sin considerar el gasto asociado a la misma. Se abren grupos y sedes, sin que la SEP ayude a cubrir esos costos. Las colegiaturas son insuficientes y en el caso de la UNAM un intento por aumentarlas provocó su cierre un año.

5) Falta de control y corrupción. Muchas universidades están endeudadas. ¿Quién autorizó la deuda? ¿En base a que crearon esa deuda? Yo traté de cerrar una cuenta de banco del COLECH que ya no se utilizaba y el banco me pedía todo tipo de documentos y firmas. ¿Harán lo mismo para prestar?

Cuando era profesor en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, comenté que estaba construyendo una casa e iba a comprar los vidrios. Entonces se desarrolló el siguiente diálogo:

– Llévate los del nuevo edificio.

– ¿Cómo me los voy a llevar?

– Mete tu coche y llévatelos, no seas pendejo.

Fui el pendejo que no se robó los vidrios, mientras que un empleado menor tenía dos papelerías con el material que se robaba de la facultad.

Un proveedor no podía venderle un producto de mejor calidad a la universidad porque la gente de compras recibía su moche. Me pregunto quién maneja los seguros, compra de vehículos, etc. En instituciones del tamaño de la UNAM, UAM, IPN la oferta debe ser enorme. De la UDG ni hablamos, ahí todo es opaco bajo el mando de un cacique que la controla ya más de dos décadas.

Erróneamente el tema se ha dirigido a los elevados salarios. Es posible que los altos funcionarios universitarios tengan ingresos elevados comparados con el salario mínimo, esos deberán reducirse según la ley. Una parte de los salarios se compone de primas de antigüedad que son parte de contratos colectivos.

Cuándo entré a la UNAM con maestría y sin publicaciones ganaba $2,000 dólares mensuales, cuándo me fui con pos doctorado y varios libros publicados ganaba $400.00. Los neoliberales articularon una política de empobrecimiento de los académicos que lanzó a muchos a buscar mejores ingresos, muchos en el extranjero, otros en universidades privadas y otros en la economía en general. Al ver lo ruinoso de la política inventaron fondos compensatorios: sistema nacional de investigadores, estímulos a docencia e investigación y con eso, aunque distorsionó el proceso académico, muchos académicos llegaron a un nivel de ingreso adecuado. Esos salarios hay que regularizarlos, incorporando los estímulos al salario base para apoyar las jubilaciones.

En las universidades hay dispendio y malas decisiones costosas. Eso hay que corregirlo.

El futuro del país está en un sistema educativo robusto y este se sustenta en académicos bien pagados e infraestructuras adecuadas a las necesidades tecnológicas cambiantes. Ese es el reto, no lo perdamos de vista.