Fueron trabajadores de haciendas y su historia se encuentra en los archivos de la Santa Inquisición, dice la etnohistoriadora Patricia Gallardo Aria. Muchos, condenados por brujería aunque el verdadero trasfondo fueran conflictos laborales y sociales, añade.

Una amplia población de mulatos y afrodescendientes habitó el norte del país durante los siglos XVI, XVII y XVIII, y parte de su vida se puede rescatar en los archivos de la Santa Inquisición ya que muchos fueron condenados por brujería aunque el verdadero trasfondo fueran conflictos laborales y sociales. Así lo plasma Patricia Gallardo Arias en su reciente libro Mulatos e indios acusados de brujería en la Villa de Santiago de los Valles, intendencia de San Luis Potosí, siglo XVIII.

“Se sabe muy poco de la población negra y mulata, y aunque cada vez hay más estudios especializados, éstos se enfocan al centro del país o a Veracruz. Sin embargo, cuando estudias la frontera y el inmenso norte de la Nueva España, encuentras a población negra que trabajó en haciendas”, detalla la etnohistoriadora.

Para el siglo XVIII, esta población aprendió la medicina indígena y eran la mano de obra ideal para la ganadería, lo cual les generó mucha movilidad por el país, especialmente en los pueblos de la frontera donde había mucho campo por donde moverse.

Gracias a ello, añade Gallardo Arias, los mulatos pudieron convivir en muchos sectores, convivencia que le preocupó a la iglesia. De la misma manera, la actitud de querer sobrepasar su condición de esclavos, resultó ofensiva para la población, que en el caso de Villa de Santiago de los Valles, San Luis Potosí, eran pames, jonaces, españoles y mestizos.

“Tenían que defenderse y saber cuestiones de hechicería los colocó como población dominante en ciertas situaciones. Los casos que retomo en el libro decidieron no hacerse menos y amenazaron a quienes abusaban de ellos con dejarles caer el mal, pero todo como producto de las injusticias que se cometieron contra esa población en el periodo colonial”, indica.

CASTIGO A MULATOS. Uno de los principales planteamientos del libro de la investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) es que en los archivos inquisitoriales se puede observar que los indígenas ocuparon las leyes para acusar a los mulatos porque a ellos sí se les aplicaban los castigos de la Inquisición, a diferencia de los indígenas.

La etnohistoriadora rescató del Archivo General de la Nación y del Fondo Franciscano de la Biblioteca Nacional, los expedientes de Pascuala y Juan de Santiago, acusados de brujería, y de Juana Gertrudis y Juana Gertrudis González, acusadas de maleficio.

“Por ejemplo, a Pasquala más que señalarla de brujería, la acusaron por no acatarse a las reglas de ser mujer en esa época. Uno pensaría que las normas y reglas de cómo debe ser una mujer en el periodo colonial sólo se aplicaban en el centro del país o que sólo las aplicaron los españoles, pero no, los nativos tuvieron una participación”, destaca.

La acusación de Juan de Santiago fue por ser un mulato muy seguro de sí mismo en un contexto en el que al parecer, eso resultaba ofensivo para los demás.

“Juan de Santiago desde muy joven se quedó sin papás, tuvo que moverse, buscar trabajo, se volvió muy bueno en la cosa de los caballos y lo contrataban. Eso creó conflictos con la población”, indica la experta.

En palabras de Gallardo Arias, el libro sí trata sobre la diferencia entre brujería y hechicería, de cómo se debía ser mujer en un pueblo lejano y en un contexto novohispano pero principalmente trata de ver cómo la población nativa asumió, utilizó, reelaboró y resignificó las leyes españolas.

“Por lo que pude observar en los documentos, sobre todo en los inquisitoriales, es que no sólo te hablan del fenómeno de brujería sino también de muchas cosas cotidianas. Y de que la Inquisición no podía castigar a los indios pero sí a los mulatos y negros”, comenta.

CACERÍA DE MUJERES. En Europa, los Tribunales de la Inquisición castigaron y trataron de aniquilar el conocimiento de la medicina tradicional que, en su mayoría, era un saber practicado por mujeres, sin embargo, en México no ocurrió así.

“Los españoles no se dieron abasto para curar a toda la población en la Nueva España. Los españoles tuvieron que aceptar que había una medicina alternativa para ayudar a curar muchas enfermedades, que incluso no sabían de ellas o que eran enfermedades que ellos mismos trajeron”, señala Gallardo Arias.

La experta opina que la geografía tan extensa fue otro factor que impidió el castigo por usar plantas como medicina.

“Por eso fue importante para los inquisidores hacer una división y que todo mundo tuviera claro qué era hechicería y qué brujería porque muchas de esas prácticas podían caer en hechicería pero no era un delito tan grave como la brujería que tenía implícito el pacto con el demonio. No satanizaron y menos en el siglo XVIII  y menos en pueblos a donde no llegaba la ayuda suficiente para atender enfermedades”, indica.