Donald Trump prometió llevar su campaña a estados de tradición demócrata como indicio de que no descarta atraer a votantes ajenos al bando republicano, mientras Hillary Clinton pasa los últimos días de la contienda consolidando a la militancia tradicional y animándolos a que salgan a votar.

Para ello se Clinton se está valiendo de celebridades de los mundos de la música y el deporte, una estrategia que Trump desestimó. «Yo sólo me tengo a mí mismo», dijo a partidarios en Carolina del Norte el sábado, «aunque tengo a mi familia». Con él estaba su esposa, Melania, que rara vez hace campaña con su marido.

Hubo un pequeño percance el sábado a la noche en un mitin de Trump en Reno, Nevada, cuando agentes del Servicio Secreto súbitamente sacaron al candidato de la tarima. La agencia de seguridad dijo después que alguien en el público había gritado «¡Pistola!», pero después dijo que el individuo fue detenido y que ni él ni nadie a su alrededor tenía arma alguna. Trump volvió pocos minutos después y declaró «¡A nosotros nadie nos detiene!»

Como si estuviera tratando de demostrarlo, Trump programó eventos el domingo en Minnesota, que no ha votado por un republicano desde 1972, y en Michigan, que no lo ha hecho desde 1988. Según las encuestas es poco probable que eso cambie este año pero Trump los incluyó en un día en que visitará cinco estados en total.

Clinton estuvo el sábado en Florida bajo intensas lluvias y vientos antes de manifestarse en Pennsylvania con la cantante Katy Perry. La candidata demócrata se disponía a hacer campaña el domingo con el basquetbolista Lebron James, luego que el viernes se le vio haciendo campaña con la diva de la música Beyoncé y su esposo Jay Z.

«Esta noche quiero escucharles rugir», exclamó Clinton con una amplia sonrisa antes de presentar a Perry en su mitin en Filadelfia.

Perry, quien abrazó a Clinton y vestía una capa púrpura que decía «I’m with Madam President» («Estoy con la señora presidenta») gritó: «¡Faltan tres días para que hagamos historia!»

Las actividades al final de la contienda demuestran las distintas estrategias de cada candidato.

Respaldada por el presidente Barack Obama y por la elite de su partido, Clinton pasó gran parte del año pasado tratando de unificar a la coalición partidaria de Obama – las minorías y los jóvenes – y aprovechando la profunda impopularidad de Trump entre las mujeres.

Trump ha estado cortejando a los blancos de clase obrera valiéndose de su celebridad, tras ahuyentar a muchos republicanos con sus declaraciones ofensivas y repetidos tropiezos. Hace apenas cuatro semanas, surgió en video en que se muestra a Trump, ya casado, jactándose de poder besar a la fuerza a las mujeres y tocarles los genitales.

Clinton tuvo sus propios desafíos, pues el FBI confirmó que estaba revisando nuevamente el uso de correos electrónicos por parte de la ex primera dama y ex secretaria de estado. Los problemas podrían afectar a Clinton en estados como Michigan, Pennsylvania y Nuevo Hampshire donde no hay votación anticipada.

Por lo menos 41 millones de estadounidenses en 48 estados ya depositaron sus votos, según análisis de la AP. Eso es bastante más que en las elecciones del 2012.

El presidente de la Cámara de Representantes Paul Ryan hizo campaña con el compañero de fórmula de Trump, Mike Pence, pero no con el mismo Trump.

Ryan pidió a los republicanos de Wisconsin «regresar a casa» y votar por el partido, a pesar de que ha tenido tensas relaciones con el candidato presidencial.

 

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