Estamos a escasos cuarenta días del regreso a clases presenciales para los 25 millones de niños y jóvenes de educación básica en México. O, mejor dicho: del día que el gobierno ha escogido para que esto suceda… por ahora. López Obrador insiste un día sí y otro también en que no hay peligro de contagio, aunque no ha comenzado la vacunación para niños entre 6 y 15 años de edad. Asimismo, el gobierno explica que el regreso será bajo determinadas condiciones: escalonado, con sana distancia en las aulas, voluntario e híbrido, en planteles que cumplan con requisitos de reducción de riesgo: ventilación, cubrebocas, gel, agua, espacio, etc. Ah, y con la tontería y mentira del semáforo verde.

Ilustración: Víctor Solís

La gente en México, como en tantas otras cosas, encierra sentimientos encontrados a propósito de la política educativa oficial durante la pandemia, y ante el inminente retorno a la normalidad. Una encuesta de Reforma publicada el 22 de julio muestra que una mayoría de los mexicanos (58 %) está a favor de que se reanuden clases de manera híbrida, con clases presenciales y a distancia, y una fuerte minoría (41 %) no está de acuerdo. Pero la confusión yace en la conjunción de “presenciales y a distancia”. Ese 58 % ¿mandará a sus hijos a la escuela, o los mantendrá en casa, dizque tomando clases en la tele o por internet? Por cierto, la misma encuesta revela que 46 % de los padres dijeron que sus hijos concluyeron el ciclo escolar por internet, una cifra demasiado alta a nivel nacional, quizás debido a que se trata de un sondeo telefónico. Por alguna razón no parece haberse utilizado la pregunta sobre si los padres enviarán o no a sus hijos a la escuela el 30 de agosto.

La confusión es lógica. Si el regreso es voluntario, ya veremos cuantos van. Híbrido significa cosas muy distintas a diferentes niveles de ingreso, en localidades diversas, en regiones dispares. Con internet, quiere decir algo más o menos real; por televisión, parece carecer por completo de sentido. Escalonado puede significar dos, tres o cuatro días por semana —no es lo mismo. Si las escuelas se encuentran en condiciones sanitarias apropiadas implica que se están tomando ya todas las medidas necesarias, en colaboración con los maestros y los padres de familia. ¿Alguien en verdad cree que es el caso?

Pero además, cuando López Obrador dice que no hay peligro de contagios porque los niños no se infectan, tiene razón. Sólo que la hubiera tenido también en marzo de 2020, cuando él y sólo él decidió cerrar todas las escuelas, todo el tiempo. En muchos países —ciertamente no tanto en América Latina— las escuelas permanecieron abiertas parte del tiempo, o casi todo el tiempo. Los exámenes del Bac francés, por ejemplo, se llevaron a cabo de manera presencial, incluyendo el Liceo Francés en México.

El reto más importante consiste, sin embargo y obviamente, en el repunte de las últimas semanas. Si esto sigue como ayer, es decir, con 15 000 contagios y 397 decesos y una tendencia ascendente, va a resultar muy difícil que maestros, jóvenes de 14 o 15 años y padres de familia acepten volver el 30 de agosto. No volver es no volver: o, más bien, significa volver a la misma situación que ha imperado desde marzo de 2020. Si se confirma la tercera ola (aunque muchos discrepan de esa idea, y consideran que nunca controlamos la primera), y sigue hasta finales del mes entrante, y si varios gobernadores se niegan a abrir los planteles, puede resultar imposible que las escuelas abran por las buenas.

Entonces vendrá la decisión más delicada: el regreso obligatorio, como en muchos países. López Obrador no entiendo mucho: dice que en México nada es por la fuerza, pero pasa por alto que en nuestro país, desde 1867, la educación primaria es obligatoria; la secundaria, desde 1993. Y obligatoria para todos: para el Estado impartirla, y para los padres de familia inscribir a sus hijos y asegurar que asistan. En circunstancias excepcionales, se puede atenuar la obligatoriedad, o sustituir la presencia por la distancia. Pero si no hay peligro de contagio, y todos los maestros están vacunados, ¿dónde está lo excepcional?