Templo Mayor de Reforma tiene razón en cuanto al fondo de su reseña del ingreso de México al Consejo de Seguridad de la ONU por quinta vez, desde la fundación de la misma. En efecto, no tiene ningún mérito conseguir prácticamente todos los votos si se es el único candidato; presumirlo equivale a que López Portillo se hubiera vanagloriado de su resultado en 1976 cuando el priista era el único candidato a la presidencia. En segundo lugar, el hecho es que esto se pactó desde 2011, en el sexenio de Calderón, cuando el Grulac (Grupo Latinoamericano y del Caribe) decidió al igual que algunos otros grupos, pero a diferencia de otros en la Asamblea General de la ONU, tener un solo candidato cada año. A México le tocó desde entonces el periodo 2021-2022 para el cual acabamos de ser electos. No tiene ningún mérito el gobierno actual en cuanto a eso se refiere. Tampoco lo tiene en cuanto a la formalización de la candidatura que se hizo durante el mandato de Peña Nieto. Todo esto se pactó hace mucho tiempo, se trabajó correctamente para lograrlo, y ahora también presumir que no costó nada, pues nomás faltaba: si no hay que hacer campaña, pues por definición no cuesta.

El mérito de Ebrard y de Juan Ramón de la Fuente consiste en una sola cosa para nada despreciable: haber convencido a López Obrador que mantuviera la candidatura de México, pactada y presentada por Calderón y por Peña Nieto, cuando todo indicaba que López Obrador es enemigo de ese tipo de posturas por una sencilla razón: porque obliga a tomar partido. Es cierto que otros países han hecho osos monumentales en el Consejo de Seguridad. Brasil, por ejemplo, en varias de sus anteriores participaciones, bajo el gobierno de Lula, se dedicaba a abstenerse, y eso que quería ser miembro permanente. En el Consejo uno se define, ya sea en las votaciones propiamente tales —que no suceden con mucha frecuencia— ya sea en las negociaciones previas dónde se comparte con los otros miembros cómo votaría uno en caso de que se llegara a eso. Todo indicaba que López Obrador se rajaría y no es menor el logro de Ebrard y de de la Fuente de haber mantenido la candidatura de México.

Ilustración: Adrián Pérez

No sacamos significativamente más votos ni que otros países en esta ocasión —la India por ejemplo— o que México en otros momentos —2009 por ejemplo—, ése no es un gran mérito. Tampoco lo es la idea de proponer reformas a la composición del Consejo, tesis que se viene manejando desde hace muchísimos años y que no tiene absolutamente ninguna posibilidad de prosperar, ni entonces, ni ahora, ni en el futuro. El arreglo de San Francisco a finales de la Segunda Guerra Mundial, es el que es, y ninguno de los cinco miembros permanentes con derecho de veto, va a renunciar a su posición privilegiada. Roosevelt y Truman, de Gaulle, Churchill y Stalin no eran precisamente imberbes para estos asuntos. Blindaron el Consejo, y con toda la razón, desde su punto de vista. Tampoco hace mucho sentido el cuento de la postura feminista. Después de la actitud de López Obrador frente a las marchas y protestas de las mujeres a principios de marzo, y de presentar un candidato varón a la OMC contra una mujer africana, parece un poco raro presumir un supuesto feminismo.

Pero esto último no es lo importante. Veremos si el gobierno de López Obrador es capaz de tomar partido. No lo ha hecho en un año y medio de política exterior, salvo en un solo frente: el de Estados Unidos. Y ha tomado partido sistemáticamente a favor de lo que Trump le ordena. Empieza a complicarse ya el panorama con Trump, en parte porque va a perder, pero sobre todo porque ya se acercan nubarrones en la relación. Primero, según versiones periodísticas, Trump insiste en que López Obrador si vaya a Washington, y la presidencia y la cancillería buscan desesperadamente cómo no ir, pero no le han encontrado la cuadratura al círculo. Segundo, el número de aprehensiones en la frontera ha vuelto a subir, ciertamente a niveles muy inferiores a los del año pasado, pero una tendencia ascendente en mayo y en junio. Sobre todo, la proporción de mexicanos se ha elevado de manera impresionante: más de 80 % de los detenidos ahora son mexicanos. ¿También la Guardia Nacional va a golpear, maltratar, torturar y detener a los mexicanos que quieren salir, al igual que lo hace con los centroamericanos? Tercero: la entrada en vigor del T-MEC como ya lo dijo el representante de comercio Lighthizer, va a conducir rápidamente a la aplicación de los mecanismos de enforcement sobre todo en materia laboral. Si López Obrador y Seade, su candidato a la OMC, pensaban que era puro cuento, muy pronto creo que van a tener que recapacitar. Sobre todo si ganan Biden y los Demócratas.

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