Tiene razón Javier Tello cuando afirma que López Obrador no es un político ideológico, sino de ideas fijas. Cuando se le mete en la cabeza que algo tiene que hacerse, eso acaba haciendo. Lo vimos con la cancelación del nuevo aeropuerto en Texcoco, una idea fija que traía desde la campaña presidencial. Llegado el día, contra todo pronóstico, a pesar de ser una pésima idea, lo canceló. Las consecuencias fueron fatales. No sólo por los altísimos costos económicos, sino porque, desde ese día, su gobierno ha tenido que remar a contracorriente para recuperar la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros.

Hasta ahora —a pesar del circo, maroma y teatro que ha sido la relación del gobierno con la iniciativa privada— no la ha recuperado. Eso explica por qué los empresarios dejaron de invertir en México en 2019 y el estancamiento económico.

Los pragmáticos en el gabinete presidencial, que sí entienden de economía, apostaban a resarcir el error de la cancelación del aeropuerto con la reanudación de las rondas de licitación de campos petroleros. Sin embargo, en el gabinete hay otra ala que no está de acuerdo con revivir la Reforma Energética de Peña Nieto. Este grupo ya ganó por una razón elemental: otra de las ideas fijas de López Obrador, a lo largo de su historia política, ha sido que el Estado debe tener el monopolio en los sectores petrolero y eléctrico.

El miércoles pasado, el Presidente afirmó que no tiene sentido convocar a nuevas rondas de licitación para la exploración y explotación de hidrocarburos. “¿Para qué quieren contratos si no invierten? Lo que estamos pidiendo ahora es que inviertan porque tienen los contratos y no producen. Entonces: ¿cómo les vamos a dar nuevos contratos si no están invirtiendo?”.

De acuerdo a la Asociación Mexicana de Empresas de Hidrocarburos, las licitaciones que se realizaron en el sexenio pasado han cumplido con las inversiones prometidas y los objetivos de producción y perforación de pozos. Se han invertido once mil millones de dólares. Hoy, los privados producen 47 mil barriles diarios. En los próximos años invertirán 36 mil millones de dólares adicionales y se estima que, para 2024, estarán extrayendo 250 mil barriles diarios, que dejarán miles de millones de pesos en regalías para el Estado.

López Obrador, sin embargo, tiene otros datos. El miércoles dijo que los más de cien contratos adjudicados en las subastas 2015-2018 sólo estaban produciendo diez mil barriles por día.

¿Quién miente? No lo sé. Pero la percepción de López Obrador de que los privados no están produciendo lo que prometieron ha servido para legitimar la idea fija de que es un error que participen en este negocio. Ergo, mejor no abrirles la puerta. En la práctica, la Reforma Energética, que tenía un gran potencial, se congelará. Todo indica que este gobierno no subastará ni licencias de exploración y explotación de crudo a cambio de regalías ni contratos de utilidad compartida durante este sexenio.

Ingenuos los que creyeron que López Obrador abandonaría una de sus ideas fijas. Tan sólo hay que recordar que, cuando se discutía la Reforma Energética de Peña, el entonces líder opositor envió cartas a directivos de diez empresas petroleras extranjeras para solicitarles que se abstuvieran de invertir en México porque firmar contratos de utilidad compartida o invertir en la refinación, la petroquímica, el gas y la industria eléctrica, sería ilegal. Les advirtió: “La mayoría de la población vería a su empresa como cómplice de un atentado contra el interés nacional”.

Hoy, ese líder es Presidente de México y parece que va a cumplir con su promesa: en los hechos, va a congelar la Reforma Energética.

Permitirá, eso sí, que los dos monopolios energéticos —Pemex y CFE— se asocien con privados en ciertos proyectos a través de contratos de servicios. Sin embargo, el capital privado, sobre todo extranjero, no tiene gran apetito por este tipo de inversiones con dos empresas públicas con severos problemas administrativos y financieros, sobre todo Pemex. Además, este gobierno, con las empresas privadas transportadoras de gas natural, ya mandó el mensaje de no honrar los términos de un contrato y presionar para que éstos se redefinan.

La Reforma Energética va para atrás este sexenio. Adiós a las inversiones privadas en energía. Bienvenidos de regreso los monopolios estatales. Otra idea fija del Presidente que tendrá las mismas consecuencias que la cancelación del aeropuerto: desconfianza de los inversionistas privados, lo que afianzará el actual estancamiento económico.

 

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