Suele suceder que los conversos se vuelven fanáticos. Es el caso de Germán Martínez Cázares con Andrés Manuel López Obrador. Con la elocuencia que lo caracteriza, defendía, como pocos, al candidato presidencial de Morena en la elección pasada. Estamos hablando, nada menos, de quien fue uno de los calderonistas más destacados que luego fue dirigente nacional del PAN.

Las conversiones políticas no son nuevas ni en México ni en el mundo. El llamado “chaqueteo” es más frecuente de lo que pensamos. No se ve bien cambiar de bando, pero se vale. El admirado Winston Churchill cambió de partido no una sino dos veces. Sólo los intransigentes nunca dudan de sus posturas políticas y se quedan con las mismas ideas toda su vida.

Martínez cambió y se convirtió en un fanático más de AMLO. Se veía raro dentro de Morena, pero fue, sin duda, un gran fichaje para el lopezobradorismo. Se trataba de uno de los poquísimos políticos mexicanos que, cuando fracasó, asumió su responsabilidad y renunció a su puesto. Así lo hizo en 2009 al retirarse como dirigente del PAN, después de los malos resultados de ese partido en las elecciones intermedias.

Vino una larga travesía por el desierto. Durante años, se retiró de la política. Inteligente y culto, escribió provocadores textos donde defendía la visión liberal del PAN. Criticaba a su expartido por parecerse cada vez más al PRI.

Cansado o aburrido, decidió dar el bandazo y unirse a AMLO en las elecciones de 2018. Gracias a eso, Germán se convirtió, primero, en senador y, luego, en director general del IMSS, una de las instituciones más importantes de México. Ayer, en una elocuente misiva (no podía ser de otra forma en el caso de Martínez), renunció a este cargo.

Las razones están muy claras. No está de acuerdo y le preocupan los recortes presupuestales que afectan al IMSS. Alerta sobre posibles consecuencias fatales por la falta de recursos. No dudo que tenga razón.

Se equivoca, sin embargo, al echarle la culpa a los funcionarios de Hacienda, a quienes tilda de neoliberales, uno de los peores epítetos con los que se puede calificar a alguien en este gobierno. Yerra, porque la Secretaría de Hacienda está cumpliendo con el mandato que le dio el presidente López Obrador: diseñar y ejecutar un presupuesto equilibrado, que no genere déficit, implementando una serie de recortes a distintas dependencias y entidades públicas para utilizar esos ahorros en los programas sociales, el rescate financiero de Pemex y la construcción de las obras de infraestructura prioritarias (Tren Maya y la refinería de Dos Bocas). Eso ordenó el jefe y eso están haciendo Carlos Urzúa y su equipo hacendario.

En lo personal, y lo he dicho muchas veces, estoy a favor de la austeridad republicana de AMLO. Sin embargo, como se ha repetido hasta el cansancio, tanto que ya se volvió un lugar común, los recortes debieron haberse hecho con bisturí y no con machete. No había, sin embargo, tiempo para una cirugía cuidadosa. La prisa que caracteriza a este gobierno inevitablemente terminó en amputaciones con machete. Así lo hicieron y ya estamos viendo las consecuencias.

He ahí, me parece, el punto central de la renuncia de Martínez. Es el primer reconocimiento de un miembro del gabinete presidencial de las nefastas consecuencias del machete presupuestario. La operación cotidiana del IMSS está sufriendo y sufrirá aún más conforme no lleguen los recursos necesarios.

“Ahorrar y controlar en exceso el gasto en salud es inhumano”, argumenta Germán en su misiva. Esto, inevitablemente, generará un muy importante debate de lo que tiene que hacer un gobierno de izquierda. ¿Construir un Tren Maya, que no tiene ni pies ni cabeza, a costa de proveer peores servicios de salud a los más pobres de la sociedad? ¿Seguir inyectándole dinero a ese barril sin fondo que es Pemex, pero detener los proyectos de infraestructura hospitalaria?

Cuando se fue Martínez del PAN conminó a ese partido a debatir su futuro para evitar otro fracaso electoral. No le hicieron caso. Y así les fue. Desde entonces, han perdido dos elecciones presidenciales. Creo que Germán, con esta nueva renuncia, está invitando al gobierno de AMLO a otro ejercicio deliberativo sobre la austeridad, los recortes a machetazos, las maneras de la Secretaría de Hacienda y las prioridades presupuestales. Por lo que veo, el Presidente no está en el ánimo de abrir ese debate. En 2009, la renuncia de Martínez fue una especie de mal agüero para el PAN. Diez años después, su nueva dimisión bien podría avizorar desdichas, ahora para AMLO y Morena.

 

                Twitter: @leozuckermann

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