Ayer analizaba cómo los resultados de la elección del pasado seis de junio afectaron la sucesión presidencial para el presidente López Obrador. Los tres posibles candidatos de Morena (EbrardMonreal y Sheinbaum) presentan problemas. Hoy toca hablar de la oposición.

Tiene razón AMLO cuando ayer dijo que no veía ningún liderazgo claro. Así es: la caballada está muy flaca.

La primera pregunta relevante es cuántos candidatos de oposición habrá en la boleta presidencial. Entre más haya, más posibilidades tendrá el candidato de Morena de ganar la elección. En cambio, si sobrevive la alianza opositora del PAN-PRI-PRD, y se le suma el Movimiento Ciudadano (MC), podrían formar un trabuco con la posibilidad de poner en peligro la continuidad de la llamada “Cuarta Transformación”.

Se ve muy difícil que esto suceda. Entre otras cosas por quién sería el candidato de esta alianza. ¿Un panista, un priista, un emecista o algún personaje popular que lo reclutaran para la ocasión? Además, ¿cuál sería el proceso para elegirlo? ¿Una elección primaria entre los partidos aliancistas, la ratificación de cada una de las asambleas partidistas o un mexicanísimo dedazo negociado entre los dirigentes nacionales?

Insisto: al día de hoy me cuesta mucho trabajo visualizar esta opción de un solo candidato de toda la oposición junta. Lo cual me lleva al segundo escenario: que cada uno de los partidos ponga al suyo.

Comienzo con el PAN. El que ya está apuntado es Ricardo Anaya, quien no se ha cansado en levantar la mano. Hace unos meses anunció que haría una estrategia similar a la de AMLO cuando éste perdió las elecciones presidenciales, es decir, recorrer los municipios del país. Desconozco si lo ha hecho porque la prensa no ha reportado sus giras. Lo que sí he visto son sus videos semanales para posicionarse en diversos temas. No hay duda de que Anaya trae muchas ganas de volver a ser candidato presidencial. No sé, sin embargo, si tenga los apoyos dentro del PAN para amarrarla.

Sé, eso sí, que algunos gobernadores estaban tramando lanzar a uno de ellos como dirigente nacional del partido (¿Francisco Domínguez, de Querétaro?) para que otro se convirtiera en el candidato presidencial. Se hablaba de Francisco Javier García Cabeza de Vaca, de Tamaulipas. Esto explicaría por qué la obsesión de López Obrador de perseguirlo judicialmente, la típica maniobra mexicana para sacar a políticos de la jugada. Hasta ahora, García Cabeza de Vaca había aguantado la embestida del gobierno federal, pero como Morena le ganó el Congreso de su estado en las pasadas elecciones, pues ha quedado en una posición muy debilitada. Incluso podría ser desaforado y procesado judicialmente.

En suma, hoy no sobresale nadie claro como posible candidato presidencial del PAN.

El PRI tiene a un posible abanderado natural: el gobernador de la entidad más poblada del país, el Estado de México. Además, le fue bien a Alfredo del Mazo en las pasadas elecciones. No goza, sin embargo, de proyección nacional y todavía tiene que pasar la difícil aduana de las elecciones de gobernador en 2023. Como se ven las cosas, Morena podría arrebatarle ese estado al PRI, lo cual dejaría fuera de la contienda presidencial a Del Mazo.

Otro posible es el gobernador de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme, el más destacado operador electoral del PRI. Es el que presentó los mejores resultados en las pasadas elecciones. No obstante, nadie lo conoce fuera de su estado. Y, al igual que Del Mazo, todavía tiene que ganar las elecciones de gobernador el año que viene.

Como en el PAN, no se ve nadie con fuerza en el frente priista.

MC tiene al gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, como su candidato natural. También entregó buenas cuentas en la pasada elección. Empero, su fama pública no trasciende las fronteras jaliscienses. Según las encuestas, su nivel de reconocimiento de nombre a nivel nacional es bajo.

Al PRD no creo que le dén los números para sacar a su propio candidato. Seguramente irá de nuevo en alianza con el PAN o el PRI. En cuanto a los dos partidos que hoy apoyan a AMLO, si el PT lanza a alguien, con toda seguridad será uno de los que Morena descartó.

Queda el Verde. Si le conviene, lanzará a alguien que, como siempre, le ayude a sacar más votos para seguir medrando de la política. Una celebridad o un empresario con ganas de convertirse en el Berlusconi mexicano, por ejemplo.

Como se observa, una caballada flaquísima que, si aparte decide ir dividida, podría asegurarle el triunfo al candidato presidencial de Morena, lo cual son buenas noticias, por lo pronto, para AMLO.

 

           Twitter: @leozuckermann

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