El evento del que hablaré nos muestra cómo se entreteje, en una red de situaciones, de acciones y contemplaciones, la complejidad de nuestra condición humana. La llamo fractal porque puedo imaginar cómo esa historia que se describe en una escala pequeña, en una calle, si se ve a nivel de barrio, de ciudad, de país o a una escala más pequeña, cada persona iría mostrando esa misma estructura, esos matices que nos definen como humanidad.  Humanidad empática e indiferente, humanidad temerosa; humanidad comprometida, humanidad arriesgada; humanidad inerte, desinteresada; humanidad que sólo mira, que hace, que deja de hacer. La humanidad insensible que se burla con indiferencia de la tragedia y no actúa; la humanidad sensible que la confronta y la evita, que siente y se une: actúa. Pero todo eso que se observa es insuficiente para reconocer lo más profundo que estuvo en juego.

“Motociclista choca contra el asfalto en Picacho-Ajusco”, 3.9 k views; “Inundación por tromba en la Picacho Ajusco arrastra a motociclista”, 2.3k views; “Pavimento levantado derriba a motociclista en CDMX”, Excélsior TV, 1.6k views; “Pavimento levantado por tromba en Picacho tira a motociclista”, Blanca B Gonzalez, 16k views. Todos ellos, videos de Youtube que se hicieron virales, salieron en las noticias y en redes. Se habló de las trombas que han impactado a la ciudad de México, del desprendimiento del asfalto y de un motociclista que sale ileso tras impactarse con una plancha asfáltica levantada por la lluvia y es rescatado por el transporte público.

Dichos titulares contrastan en número de vistas y en comentarios con estos: “Lluvia arrastra a motociclista en PIcacho Ajusco CDMX”, 507 views; “Motociclista en problemas”, Luis Alberto de Jesus, 9 views. La unión de tomas virales y estas tomas menos difundidas muestran una sola historia fragmentada: dos personas, dos amigos, Luis y Baruc, caen de su moto y son arrastrados por la fuerza del agua. Uno choca con la plancha de asfalto y es arrastrado, se levanta y lo rescata un microbús, desorientado y ante las voces se sube desconcertado, busca a su amigo; el otro queda prensado bajo la plancha de asfalto y la fuerza del agua. Minutos lucha por su vida: la fuerza del agua se lo lleva, lo sepulta. Su propia fuerza se rinde ante la de la naturaleza, pero también  la fuerza del agua lo rescata, su fuerza vital lo deja con vida. Personas lo salvan.

Analizar los videos e intentar reconstruir lo sucedido, desde fuera, es algo que tanto Luis como Baruc han hecho.

Vieron el asfalto levantado muchos metros adelante y uno le dijo al otro, porque la moto se venía apagando, “que culero sería caer ahí”, segundos después desde atrás el agua, como un alud, los arrojaría ahí. Sentir ser arrastrado, aferrarse al manubrio e intentar pararse fueron intentos fallidos: “la fuerza del agua es impresionante, por más que quieres detenerte y agarrar la moto simplemente sabes que no podrás, yo la dejé ir”.  Luis veía cómo su amigo daba vueltas como un barco de papel en la corriente. Después sólo vio oscuridad. Respiró agua. Se sentía atrapado no sabía el arriba o el abajo, sus piernas estaban atrapadas entre el asfalto. Pensó: apoco aqui acaba todo. Vio imágenes de su novia, de sus padres, de sus perros. Segundos infinitos de angustia, de renuncia, de sentir que simplemente tu fuerza no da, intentas moverte y sólo consigues agotar la poca fuerza que te queda. Te haces uno con el agua, con la tierra, con la oscuridad. Te resignas a la vida.

“Es como cuando eras niño y jugabas a hacer bolita con tus amigos y estabas hasta abajo, no podías moverte, presión en el pecho, impotencia”. Pero de pronto Luis decidió hacer un último esfuerzo e intento mover su pierna, la sacudió y encontró un apoyo, saltó con todas sus fuerzas y vio burbujas y eso le dio esperanza; otro impulso y vio la luz. Estaba afuera, vomitó agua. Estaba aún atorado entre el asfalto. Vio un asta de una bandera, se la pasaban y sus manos, frías y doloridas no podían, no respondían. La gente grita que suelte la moto. “Yo no estaba arriba de la moto, no podía moverme, eran piedras”. Le pasan una cuerda y lo rescatan.

Luis veía los videos y analizaba lo sucedido. Extrañado va y visita a Baruc, su amigo, él le explica que no sabía qué había sucedido, que la gente le decía, súbete te va a llevar la corriente, estaba aturdido. Ambos hablan y Baruc le comenta cómo en las redes habia comentarios de apoyo, pero también los de la gente que decía “qué bueno que les paso eso para que aprendan esos motociclistas” y reflexionaron sobre cómo somos las personas. Cuando me cuenta le pregunto sobre los policías.  “Ah no manches, esta cañón como sólo están arriba de la patrulla, no se bajan a ayudar, no se acercan, se supone que ellos deben ayudar a la población”. Óscar, otro amigo que estaba durante la conversación dice: “pero detuvieron la corriente, si ayudaban”. Luis argumenta que el vio más ayuda de gente que no esperaba “el viene-viene trajo las cuerdas, él rescató mi moto mientras yo estaba adolorido y con frío, tapado en la casa de empeño”. Horas después llegaría un policía en moto, fue el primero que le preguntó cómo se sentía.

Seguimos conversando y Luis, en su reflexión, expresa una dualidad del agua que es mágica. Me recuerda al mundo y al pensamiento prehispánico, Luis comulga en su reflexión del agua con esa filosofía en donde no hay buenos ni malos, en donde no hay bien ni tampoco hay mal, simplemente hay un flujo continuo de fuerzas que luchan y chocan, los dioses están vivos y sienten, son imperfectos como humanos, rebeldes, malditos, amorosos, empáticos, vengativos.

Los dioses son humanos. Yo digo: Gracias Agua, diosa dadora de vida que también decides cuando quitarla, por no llevarte a Luis, un ser brillante y amigo. Luis nos dice: “Si el agua no se hubiera llevado esos bloques de asfalto, mi esfuerzo hubiera sido vano. Yo seguiria ahi. Entré por el agua y salí gracias a ella.” Estoy orgulloso de Luis. Me ha mostrado el valor más profundo de la humanidad: el impulso por vivir.