En la religión hinduista, Shiva es una de las principales deidades. Visitando India, uno de mis guías me explicaba que es, quizá, el dios más popular en la India porque representa la destrucción. El asunto me llamó la atención: ¿cómo era posible que la gente le tuviera tanta devoción a una deidad cuyo primordial atributo era destructivo? Le pedí a mi guía que me lo explicara.

Efectivamente, Shiva tiene esta característica despiadada, pero sus devotos entienden que no puede haber creación sin destrucción. La purificación y el crecimiento espiritual pasan necesariamente por demoler la negatividad, los malos hábitos y la ignorancia. Así se regenera el universo. Lo nuevo surge destruyendo. Existe un ciclo entre muerte y vida donde el ser, supuestamente, va mejorando hasta llegar a la liberación.

Estas últimas semanas he pensado mucho en Shiva, a propósito del nuevo gobierno de López Obrador. El flamante Presidente, desde hace mucho, viene prometiendo una regeneración de la sociedad mexicana. No en vano así se llama su partido: Movimiento Regeneración Nacional.

No en vano habla, también, de purificar la vida pública del país. Es claro que quiere construir algo nuevo. Su proyecto no es el de un simple gobierno de seis años. No. AMLO quiere algo grandote, una transformación histórica del tamaño de la Independencia, la Reforma y la Revolución. Un nuevo régimen de karma positivo. Pero, para crear un karma superior, primero hay que demoler la negatividad y los malos hábitos actuales. Antes de llamar al Dios creador, Brahma, hay que invocar al Dios destructor, Shiva.

López Obrador ha llegado al poder con ese espíritu. Destruyó el mayor proyecto de infraestructura de la historia del país: el Nuevo Aeropuerto Internacional de México. Yo no tengo la menor duda que en esa obra había muchos aspectos negativos y de los peores hábitos de la corrupción gubernamental y del capitalismo de cuates. El nuevo Presidente estaba obligado a revisar todos los contratos y actuar en consecuencia.

Pero, de ahí a cancelarlo, hay una gran diferencia. Invocando a Shiva, lo destruyó. Invocando a Brahma, promete edificar un nuevo aeropuerto en Santa Lucía, del cual no existen ni estudios técnicos ni proyectos para su construcción.

El Presidente, de un plumazo, va a destruir la mejor policía civil que existe en México: la Federal. Que esta institución tiene muchos problemas, no hay dudas. Pero todos los expertos en seguridad están convencidos que se trata de la corporación policiaca más eficaz del país.

Este cuerpo lleva más de veinte años construyéndose. Por fin teníamos unos 20, 30 mil elementos relativamente serios y profesionales. Como en el caso del aeropuerto, el Presidente pudo haber limpiado la Policía Federal de la corrupción e ineficacias existentes, pero, invocando a Shiva, decidió demolerla. Apelando a Brahma —sobre las cenizas de las policías Federal, Militar y Naval— construirá una nueva corporación: la Guardia Nacional, que estará bajo un mando castrense.

Con su política salarial, AMLO ha destruido burocracias técnicas muy sofisticadas. Diversos funcionarios han abandonado el servicio público para irse a trabajar al sector privado, donde ganarán igual o más de lo que percibían hasta el sexenio pasado. Se pueden acomodar en las empresas porque poseen un conocimiento técnico que el mercado paga. Decenas de burócratas de alto nivel del sector financiero, por ejemplo. Otro ejemplo. México tenía el mejor equipo negociador en materia de comercio internacional del mundo. Técnicos de primera que se venían formando desde los años ochenta, cuando nuestro país ingresó al GATT (hoy, OMC). Bueno, pues entre que corrieron a unos y otros se fueron a ganar más dinero al sector privado, se destruyó una de las burocracias más capaces de todo el mundo. Bien por Shiva. ¿Y ahora qué creará Brahma?

No ha ocurrido, pero todo indica que Shiva también se hará presente en diversos órganos autónomos del Estado mexicano. El nuevo Presidente, al parecer, no cree en ellos. Sin duda, hay mucha grasa que se podría recortar en estas organizaciones, pero de ahí a desaparecer la Cofece, el Inai, el INEE, la CRE o la CNH hay un gran trecho. ¿Destruirlos para construir qué?

Queda claro que este sexenio está comenzando con el espíritu destructor de Shiva. Lo que no queda claro es, cuando termine esta demolición, qué nos dejará Brahma.

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