No hay esfuerzo posible que pueda con la creciente escalada de precios en México. El incremento que se ha hecho a los salarios en el país ha quedado anulado y los trabajadores han perdido poder adquisitivo, lo que les ha orillado a cambiar sus hábitos de consumo de alimentos. Según datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en el país los salarios contractuales -que conforman alrededor del 60% del ingreso de los trabajadores formales- tuvieron incremento nominal de 5,1% en noviembre, que se traduce en una pérdida en el poder adquisitivo de 2,14% luego de que se descuente el monto de la inflación, que fue de 7,37% anual, la mayor cifra desde 2001. Se trata de la peor caída de la capacidad adquisitiva de los mexicanos desde hace cuatro años.

Por actividad, de acuerdo con cifras de Trabajo, el ajuste salarial en la industria bajó 1,94% a tasa real, siendo las manufacturas y minería los principales lastres al disminuir 2,01 y 0,84%. En los servicios el descenso fue de 3,05%. La mayor contracción en los salarios se observó en Oaxaca, con 4,59% de reducción del poder adquisitivo, seguido de Tabasco, con 3,11%.

Mientras que se ha anunciado un aumento de 22% para el salario mínimo en 2022, son muy pocos los trabajadores que perciben el ingreso mínimo, según indica en entrevista David Lozano, académico del Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la Facultad de Economía de la UNAM. Hasta el año pasado, de acuerdo con cifras del Gobierno de México, 13% de los trabajadores ganaba el salario mínimo. “La población que recibe el salario mínimo es cada vez menor. La mayoría son de carácter contractual, que son los que menos incrementos han tenido y de este modo vemos una pérdida de más de 80% en las últimas dos décadas”, señala.

De acuerdo con una investigación del CAM a la que ha tenido acceso EL PAÍS, los trabajadores tienen que hacer un desembolso de 301 pesos al día (unos 15 dólares) para poder comprar una canasta alimenticia recomendable -que incluye el precio de cuarenta alimentos básicos sin contar los instrumentos para su preparación-, mientras que si se le añade el costo de energía eléctrica y gas para cocinar, el precio se eleva a 465 pesos al día (casi 22 dólares).

Este fenómeno ha provocado que en los hogares mexicanos prefieran consumir alimentos en el mercado informal, como en tianguis (mercados sobre ruedas) que pueden ser de menor calidad. “Los mexicanos que optan por comprar en el sector informal o productos de mala calidad se incrementó 18%, de acuerdo con nuestro estudio”, señala Lozano.

Los ingredientes básicos de la cocina mexicana han sufrido importantes aumentos. El tomate verde, el jitomate, los chiles frescos y la cebolla, solo por mencionar algunos, son los que más incrementos han presentado el último mes. El consumo de la tortilla, base de los platillos del país, se está empezando a sacrificar debido a los grandes aumentos. “Por primera vez vemos que se dejan de consumir productos que originalmente estaban en la canasta básica para poder enfrentar los aumentos”, dice el economista Lozano.

Gabriela Siller, directora de análisis económico de banco Base, señala que la recuperación del mercado laboral no se ha dado de modo uniforme. “Una buena parte de las plazas están recuperando su ocupación en informalidad o con salarios menores”, dice la analista. No obstante, si continúa el aumento de precios para el siguiente año, el panorama para los trabajadores del país es aún más gris. “Se trata de una tendencia mundial acrecentada por la baja disposición de alimentos que afectará a las familias de México, sin lugar a dudas”, concluye Lozano.