Por cuestiones laborales, viajo mucho. Adonde voy me he encontrado con una abierta e impúdica campaña de varios de los posibles candidatos presidenciales de Morena, las llamadas corcholatas de López Obrador. Otras personas que también viajan con frecuencia me han comentado lo mismo. El país está tapizado de anuncios espectaculares y bardas pintadas para posicionar a Claudia Sheinbaum, a Adán Augusto López Hernández y, en menor medida, a Marcelo Ebrard.

El otro día, llegando al aeropuerto de León, Guanajuato, me topé con un contingente de docenas de personas que venían a recibir al canciller quien, en pleno día laboral, iba a hacer campaña con el pretexto de presentar su libro. Los movilizados ensayaban las porras de bienvenida. Algunos vestían camisetas promocionando a Ebrard. La mayoría ondeaba banderitas con su nombre.

Todo esto —espectaculares, bardas, camisetas, banderitas, giras por todo el país— está prohibido por la ley electoral mexicana. En lo personal, me parece absurda esta prohibición. Pero, por más ridícula que sea una norma, los políticos deben ser los primeros en respetarla. Aquí, por el contrario, se pasan la ley por el Arco del Triunfo. La violan cotidiana y sistemáticamente.

Pero, más allá del mal ejemplo que ponen las llamadas corcholatas, está el tema de quién está financiando esta feria promocional.

No soy experto en costos de campañas, pero me atrevería a afirmar que hay cientos de millones de pesos invertidos en todo tipo de parafernalia de los posibles candidatos, amén de lo que cuestan sus giras y las movilizaciones de personas que atienden sus actos de campaña (no dudo que algunos vayan de manera voluntaria, pero no seamos ingenuos, claro que hay un montón de acarreados).

Al parecer, las alforjas están llenas de recursos en el caso de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México y del secretario de Gobernación. Son los que más propaganda tienen expuesta. En un nivel más bajo se encuentra el secretario de Relaciones Exteriores, con menos espectaculares y bardas.

Perdón, pero la pregunta es legítima: ¿de dónde sale el dinero para todas estas campañas?

Yo no lo sé de cierto, pero lanzo algunas hipótesis.

Primera: Morena, su partido, es el que está proveyendo la lana. Si es así, lo está haciendo de manera inequitativa porque hay dos corcholatas (Sheinbaum y López) con mucha más presencia que Ebrard. (A Ricardo Monreal no lo tomo en cuenta porque ni aparece). Difícil pensar que Morena sea la fuente de financiamiento porque estaría incurriendo en actos anticipados de campaña, lo cual le podría acarrear fuertes multas por parte de las autoridades electorales.

Segunda hipótesis: los gobernadores y presidentes municipales de Morena y aliados estarían desviando recursos públicos para quedar bien con el que podría ser el próximo Presidente. Vale la pena recordar que la utilización de dinero del contribuyente en campañas electorales es ilegal.

Tercera: empresarios donarían dinero, no por buena onda, sino porque esperarían cobrar el favor al eventual ganador con alguna prebenda a su favor. Típicamente serían constructores u operadores de concesiones públicas en el eterno quid pro quo entre los intereses políticos y económicos.

Cuarta hipótesis: desviaciones presupuestarias del gobierno federal. Esquemas como la Estafa Maestra donde, por medio de empresas que venden facturas apócrifas, se sacaría dinero del erario que acabaría en maletas llenas de cash para gastos de campañas.

Quinta: grupos de la economía informal que, a cambio de aportaciones de dinero en efectivo, recibirían protección política para poder seguir operando sus negocios. Por ejemplo: vendedores ambulantes que están muy bien organizados.

Sexta: grupos del crimen organizado que, como los informales, buscarían una relación benigna con los próximos gobernantes.

Las hipótesis aquí expuestas no son excluyentes. Puede ser que apliquen unas y otras.

El hecho es que estamos frente a una grosera exhibición de propaganda electoral cuyo origen financiero no es transparente. Una posible mezcla ilegal de dinero público y privado.

Y nadie dice nada.

En este tema, el presidente López Obrador calla como momia.

Los medios de comunicación no investigan el origen de los recursos.

La oposición, como siempre, anda perdida en sus propias grillas.

Las autoridades electorales parecen espantapájaros de paja.

Yo, como diría AMLO en tiempos pasados cuando era oposición, parafraseando a Chico Che, pregunto: ¿quién pompó, quién pompó campañita, quién pompó?

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