Un estudio piloto en México muestra resultados prometedores en la medición de la frecuencia y el tipo de drogas que se consumen en el país, logrados a través de la medición de los metabolitos en el agua residual.

Investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) tomaron muestras de metabolitos, trazas residuales de drogas que terminan en excrementos humanos, en 13 ciudades, en especial en los sistemas de alcantarillado de centros para el tratamiento de adicciones, prisiones e institutos de educación secundaria.

Aunque la mariguana y las metanfetaminas se reportaron como de uso frecuente en todo el país, la cocaína fue de lejos la sustancia más común. Las trazas se recolectaron en más del 90 por ciento de las muestras.

La concentración más elevada de todas se halló en los estados de Sinaloa y Tamaulipas. En todas las muestras, Sinaloa tuvo un promedio de 628 nanogramos por litro (ng/l) de cocaína, seguido de Tamaulipas, con 412 ng/l, que superó en dos o tres veces los promedios hallados en cualquier otro estado.

Cuadro sobre la concentración de drogas ilegales halladas en la investigación. Foto: INSP

Sinaloa lideró por un amplio margen el consumo de metanfetaminas, con 2.308 ng/l, y Sonora ocupó el segundo lugar con 480 ng/l, seguidos de Tamaulipas, con 388 ng/l.

Se observó mucha menor disparidad en el consumo de productos derivados de mariguana, cuyas concentraciones más elevadas se hallaron en Chihuahua (287 ng/l), Quintana Roo (246 ng/l), y el estado de México (224 ng/l).

La investigación se publicó en agosto de 2019, pero los datos se recolectaron en noviembre y diciembre de 2015.

ANÁLISIS DE INSIGHT CRIME

Los resultados del estudio son bastante coherentes con lo que podría esperarse al analizar las rutas ilegales de tráfico de narcóticos en México.

Los valores más elevados de cocaína y altas concentraciones de metanfetaminas y mariguana se hallaron en las ciudades de Nuevo Laredo, Culiacán y Torreón. Todas ellas ciudades fronterizas o puntos de tránsito importantes sobre corredores de tráfico de drogas de Centroamérica a Estados Unidos.

Culiacán es la capital de Sinaloa. Ese ha sido el escenario de intensos enfrentamientos entre cárteles y fuerzas de seguridad, el más reciente de los cuales fue un un increíble brote de violencia el 17 de octubre, luego de la breve captura de Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquin Guzmán Loera, alias “El Chapo”, ex líder del Cártel de Sinaloa.

Sinaloa lideró por un amplio margen el consumo de metanfetaminas, con 2.308 ng/l, y Sonora ocupó el segundo lugar con 480 ng/l, seguidos de Tamaulipas, con 388 ng/l. Foto: INSP

Nuevo Laredo, a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos, ha sido durante años una zona de conflicto entre el Cártel del Golfo y Los Zetas por disputas por narcotráfico y coyotaje. La tercera ciudad en la lista, Torreón, también tiene un pasado violento, pues diferentes carteles se han disputado esta ubicación estratégica.

La alta prevalencia de las trazas de mariguana en las muestras de varias ciudades del estado de Sonora tampoco sorprende. El estado limita con Arizona y Nuevo México, y es un importante centro narcotraficante controlado en su mayoría por Los Salazar, violenta célula del Cártel de Sinaloa.

Otro hallazgo del estudio fue la gran prevalencia de todos los tipos de drogas en las prisiones, algo que sin duda tiene relación con el constante flujo de narcóticos observado en muchos centros carcelarios controlados por grupos criminales.

Un detalle interesante fue la ausencia de trazas de heroína en aguas residuales mexicanas. Los investigadores señalan que esto puede tener que ver con las dificultades para rastrear la heroína, algo que requiere técnicas más refinadas. Esto parece probable, pues la ausencia de heroína no coincide con el exponencial aumento del consumo de heroína en México en 2014, un año antes de la recolección de las muestras.

El análisis de aguas negras demuestra ser un método muy preciso para entender la prevalencia del consumo de narcóticos. Aunque el alcance del estudio del INSP es limitado, sus resultados son útiles para extraer conclusiones sobre el consumo de drogas en zonas críticas, como centros educativos y prisiones. La técnica se ha aplicado de manera más amplia en otras regiones, como Europa y Australia.