La mayoría de Morena y sus aliados en el Congreso de la Ciudad de México ha aprobado una reforma para limitar el poder del Instituto Electoral local de esta entidad. Eliminaron cinco unidades para ahorrar 52 millones de pesos anuales. Se trata, desde luego, de un ardid del gobierno de Claudia Sheinbaum para rediseñar las instituciones electorales a su favor, so pretexto de una austeridad republicana.

Mejor que desaparezcan a este instituto y darle la responsabilidad de las elecciones locales al INE. De hecho, creo, y así lo he reiterado, que es hora de terminar con el absurdo sistema dual de organización electoral. Hay que suprimir los llamados Organismos Públicos Locales Electorales (Oples) en los 32 estados de tal suerte que el INE organice todos los comicios federales y locales del país.

Me van a acusar de centralista, y quizá lo sea, pero me parece ridícula la coexistencia de autoridades electorales locales con una nacional. En la gran mayoría de los países, las elecciones las organiza una sola institución nacional o, bien, los estados, provincias, municipios, condados, etcétera.

En México, a partir de la última reforma electoral, hay cosas que hace el INE y cosas que hacen los Oples. Este sistema es peor al que teníamos antes donde las jurisdicciones estaban clarísimas: el INE organizaba los comicios de Presidente, senadores y diputados federales. Los institutos estatales, los de autoridades y referéndums locales.

El problema es que muchos de los consejos de los institutos locales los controlaban los gobiernos estatales. Los consejeros eran nombrados por el Congreso del estado que solía estar dominado por el gobernador en turno. La oposición, entonces, se quejaba de parcialidad a favor del partido gobernante por parte de las autoridades electorales. Para evitar esto, en la última reforma se transformaron los institutos estatales en Oples. Sus consejeros los pasó a nombrar el INE, se dividieron las tareas en la organización de los comicios y se abrió la posibilidad de que en casos extremos el INE organizara por completo las elecciones locales.

¿Funcionó?

Por lo que hemos visto en algunas elecciones locales, la respuesta es no.

Tan sólo vemos lo que sucedió en Coahuila hace cinco años en la elección de gobernador. La actuación de su Ople fue lamentable. No sólo toda la oposición se quedó con la idea de su parcialidad a favor del PRI sino que la culparon de haber participado en un presunto fraude electoral. Publicaron un conteo rápido, con una buena muestra, que le daba cierta ventaja al candidato del PAN a la gubernatura (aunque el intervalo de confianza se traslapaba con el del PRI). Luego, cerraron el Programa de Resultados Preliminares (PREP) con tan sólo el 72% de las casillas contabilizadas. Después, la presidenta del Instituto Electoral local se hizo bolas tratando de justificar lo injustificable de un PREP chafa. Era jueves por la tarde, cuatro días después de la elección, y todavía no sabíamos quién había ganado en un estado con un padrón de dos millones de ciudadanos. Hay países, como Brasil, con un padrón de 143 millones de personas, que dan a conocer los resultados oficiales de sus elecciones la misma noche de los comicios.

Para el contribuyente mexicano ha sido un pésimo negocio la coexistencia de autoridades nacionales y locales. Por un lado, nos cuesta una millonada y, por el otro, en lugar de tener comicios de mejor calidad, vemos casos como el ocurrido en Coahuila donde el conteo de votos se volvió una chunga.

Basta ya de justificar estas ineficacias con un falso discurso federalista. Lo que México requiere es una sola autoridad fuerte e independiente que organice todas y cada una de las elecciones. Lo mismo un tribunal judicial y una fiscalía de delitos electorales. Instituciones con la capacidad y recursos para organizar una elección al año de todas las entidades donde haya comicios. Instituciones que no puedan manipular ni el gobierno federal ni los gobernadores de los estados.

El más perjudicado con el sistema actual es el INE, que no organiza del todo los comicios locales, pero los inconformes igual le echan la culpa de todos los errores. Puro costo y nada de beneficios. Antes que la imagen del INE termine por desgastarse y pierda su credibilidad, mejor darles la responsabilidad de tod el paquete electoral anual. En el camino, los contribuyentes nos ahorraríamos millones de pesos de burocracias locales que han demostrado, una y otra vez, carecer del tamaño e independencia para enfrentarse a los gobernadores de sus estados.

Twitter: @leozuckermann