El muro que divide Estados Unidos y México tiene desde su origen una connotación dura. Esas primeras señales de división nacieron de la presión de los republicanos a detener la migración y de láminas de acero que tuvieron su utilidad en la guerra que libró Estados Unidos en Vietnam. Sí, el primer muro se edificó entre San Diego y Tijuana con láminas resistentes que se usaron como pistas de aterrizajes de aviones norteamericanos y que luego del combate no tuvieron utilidad, hasta que a alguien se le ocurrió usarlas para fraccionar dos países. Y era 1990.

La ciudad de Tijuana, la costera más al noroeste en México, fue la primera que comenzó a ver cómo a través de estas láminas se construía un muro que con los años se iría extendiendo y fortaleciendo. A lo largo de estos 25 años Estados Unidos ha invertido recursos para vigilar su soberanía. Hoy cuentan con otro muro (2007), más cámaras, sensores de movimiento, patrullas fronterizas y helicópteros. Todas estas herramientas, en ningún caso, han detenido la migración de indocumentados y no solo mexicanos, sino de Centroamérica que usa a México como puente para llegar al “sueño americano”.

¿Qué han hecho, entonces, los muros en la frontera? Cambiar las rutas de viaje de los indocumentados y por añadidura hacerlas más peligrosas. Es la conclusión a la que han llegado varios investigadores entrevistados del “Colegio de la Frontera Norte (Colef)”, una institución mexicana pionera en el estudio de la migración.

Uno de los intelectuales abordados prefiere hacer reserva de su nombre solo en una parte de su conversación con elCaribe, en la que considera que la edificación de la nueva y moderna muralla construida a partir del 2007 fue un “show” para demostrar que se estaba haciendo algo. “Todo este muro (el moderno sobre Tijuana-San Diego) es algo que se ve y en las fotos, se muestra fantástico, pero en realidad para detener a la gente no ha servido y no lo hizo nunca porque la gente nunca cruzaba por aquí”, dice el catedrático, quien además ha pasado toda su vida entre Tijuana y San Diego. Y continúa: “Cuando vienes cruzando que ves ese muro con torres y luces y cámaras. Ese que es de altísima tecnología y por ahí nunca cruzó la gente. La gran cruzada estaba más hacia dentro… Tiene muchísimo de show, es eso de mostrar ‘oh miren estamos protegiendo el país donde se ve’”.

Desde el año 1990 Estados Unidos ha construido en diferentes etapas aproximadamente 1,050 kilómetros de muros o cercas. Eso es el 33% de los 3,142 kilómetros de extensión que hay entre ambos países. Estas infraestructuras se han erguido sobre todo en los estados California, Arizona y Nuevo México y sus zonas urbanas.

En la bibliografía “Ires y venires, movimientos migratorios de la frontera norte de México”, los investigadores Rodolfo Cruz Piñeiro y Cirila Quintero Ramírez analizaron las 10 ciudades mexicanas con más flujo migratorio. En este trabajo llegaron a la conclusión de que las políticas migratorias con fines de regular la migración lo que ha conseguido es cambiar los patrones caminos: “los migrantes han delineado nuevas rutas, o bien recurrido a otras instancias como el uso de coyotes, pasadores, enganchadores, para cruzar al otro lado”.

Ambos autores indican, además, que “los flujos migratorios parecen estar más ligados y regulados a movimientos económicos que a las políticas migratorias. Cuando la economía estadounidense se contrae o bien crece, los flujos migratorios se contraerán o crecerán, respectivamente”.

El fundador del Colef y sociólogo catedrático Jorge Bustamante ha sido uno de los investigadores que más ha abordado la migración mexicana y defendido sus derechos humanos. Sus méritos incluyen haber sido propuesto al Nobel de la Paz. Y explica que los muros “no han sido de ninguna manera una solución”. Bustamante piensa que una reforma migratoria estadounidense no es una decisión unilateral, porque el fenómeno de la migración es, por el contrario, multilateral y proviene de diversos países. “Estados Unidos se ha negado a entrar a una solución negociada con los países de origen migrante, que es lo que recomienda la ONU. Yo recomiendo la negociación y Estados Unidos se ha negado”.

Desde el 1998 al 2015 han muerto 6,571 personas en la frontera sudoeste de Estados Unidos. En la última década, los tres años más negros fueron en 2005, con 492 muertos, 2012, con 471 y el 2013 con 445 fallecimientos, según estadísticas de Patrulla Fronteriza. En el último año han fallecido 240.

Ambientalistas fueron los que reclamaron

No fueron precisamente los activistas de derechos humanos quienes se alzaron contra el muro en 2007. El profesor e investigador de Estudios Urbanos y Medio Ambiente del Colef, Alberto Pombo, señala que los ambientalistas fueron quienes alzaron la voz contra la infraestructura, por considerarla invasiva al medio ambiente. Y los reclamos vinieron del lado de San Diego. “Los planes originales implicaban mucho movimiento de tierra y la luz que molestaba a las aves migratorias. Por esos reclamos se consiguieron una serie de concesiones muy grandes”, señala. Entre ellas se pretendía tener allí una iluminación similar a aeropuertos, pero se logró que prácticamente estas luces funcionen mínimamente de noche”, explica.

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