¿Cómo es posible? ¿De dónde sale tanta gente?, se preguntó Jorge Ibargüengoitia en uno de sus célebres artículos el 31 de marzo de 1970, ¡hace 48 años nada más! Aquella entrega del inigualable cronista se intitula “Semana Santa” y a modo de subtítulo da ese toque de fino humor y sarcasmo con el que aderezaba sus letras: Por fin se acabó.

Qué ganas de explicarle al autor de ¿Olvida usted su equipaje? que, a casi medio siglo de distancia, la Semana Santa sigue siendo un viacrucis para los que salen de la ciudad y para quienes se quedan con el presuntuoso ánimo de “vivirla”. En su parte culminante, aquella columna ponía el dedo en la llaga: cabemos mientras estemos trabajando, pero en días de asueto la ciudad se desparrama. Y yo añadiría, se desparraman también las carreteras y los destinos turísticos, el presupuesto, el gozo y el colesterol. A muchos se nos desparrama también la paciencia.

Estos días me causan aversión para viajar. Cada año pretendo distraer a mi esposa para que Semana Santa y hasta la de Pascua le pasen de largo, como el ascensor que llamamos y de pronto se abre mientras papamos moscas o vemos el celular. Nada como quedarse en casa a leer, que es hacer bastante, pero para los que no leen es no hacer nada.

Los aeropuertos están atiborrados, no sólo de viajeros, también del mal genio de la gente, que es peor. Los prestadores de servicio son nada más prestadores. Están tan hartos de los viajeros y de jornadas extenuantes que se disponen a procesar “¡el siguiente!”, que no es una persona sino un potencial fastidio, porque no falta la señora o el señor que tienen que contar la justificación de sus vacaciones: “mire, señorita, vamos a Mérida a ver a una tía”; mientras la prestadora se limita a pedir con resignación las identificaciones. Ya no hablemos de aquello que no vio el cronista guanajuatense, se salvó de las aerolíneas (es un decir, murió en un avionazo) contemporáneas y de las paranoicas medidas de seguridad, de las abusivas políticas de las líneas aéreas de bajo costo (y alto estrés), de los reducidísimos espacios que ahora hay entre las filas de los asientos del avión. Como el buen Jorge era corpulento, seguramente hoy viajaría con las rodillas a la altura del abdomen.

Los restaurantes están en Jauja, a los dueños y a los meseros les va bien pero al turismo no tanto. La mayoría no están preparados para una sobredemanda. Las playas y las albercas, otro tanto. Encontrar un camastro es más raro que un Oxxo con dos cajas funcionando y no falta quien sacude su toalla sin pensar que existen el viento, la gravedad y quienes a su lado tragamos arena por su culpa. Llegada la noche, los niños, con carnes enrojecidas e hirvientes, se quejan de los ardores y sus padres tienen que salir a comprar un remedio a precio de whisky, o más caro, de mezcal.

La ida o el regreso son un suplicio. Viajar por carretera es la prueba contundente de que el infierno existe. Las horas se multiplican por dos o hasta tres. En las autopistas de cuota se hacen filas larguísimas para pagar el peaje; ¿no hemos encontrado un paso a la modernidad que disponga de carriles con prepago vía una aplicación en el teléfono celular?, ya lo tiene el cine pero no la SCT (aclaro que S no es de Socavón, que bien podría serlo dada la mala sombra que acompaña al secretario de esa dependencia). Como no falta en el auto quien viene a punto de estallarle la vejiga, uno por fin llega a los baños públicos para encontrar que también ahí hay una fila de espera en la que varios bailan sin dejar su lugar; encima, hay que que pagar la entrada, algún oportunista ha dispuesto el ilegal cobro a cambio de un decímetro cuadrado de papel higiénico, para encontrar que dentro de los sanitarios ni hay papel ni está higiénico y mucho menos hay jabón.

¿Valió la pena? Como diría Guillermo del Toro, “somos mexicanos”, o sea que para la mayoría de los viajeros, sí, lo nuestro es el masoquismo, aguantar el espanto, aunque las penurias no acaban al regreso. En los primeros días de trabajo o en la escuela, está el cuerpo de uno pero uno no ha llegado. A leguas se nota la ausencia. Unos parecen más zombis que otros, bostezan igual.

De nada te has perdido, querido Jorge. Aquí seguimos haciendo lo mismo, eso sí, más desparramados que ayer.

@eduardo_caccia

VíaReforma
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Desde que Eduardo Caccia (Ciudad de México, 1962) era niño, estuvo en búsqueda para descubrir lo extraordinario y tener respuestas a preguntas paradójicas. Su deseo era convertirse en arqueólogo; la vida lo puso en otra dirección, que lo llevó a la investigación no tradicional de consumidores. Según dice, esta actividad semeja mucho a la del arqueólogo, pues consiste en escarbar profundo en las capas de la mente humana, hasta el fondo, donde están enterrados los tesoros.

Eduardo Caccia reta el statu quo muy a su manera, se nombra “Any Possibility Officer” en Mindcode, la empresa de neuromarketing que fundó para hacer innovaciones y posicionamiento de marcas. Es coautor de la metodología brandgenetic y creyente en la integración de las ciencias sociales con los negocios, para mejor entender la conducta del consumidor. Su meta ha sido ser un puente entre la academia y los negocios.

Licenciado en Administración de Empresas, Eduardo ha sido profesor universitario en la Universidad Panamericana, miembro de la Universidad de San Diego, en la Oficina de Educación Corporativa y Profesional, también ha escrito artículos sobre marcas y temas de código cultural en prestigiadas publicaciones como Expansión, Reforma, Mural, El Norte, La Jornada. Eduardo es conferencista y ha dado cientos de conferencias y presentaciones en diferentes temas, en varios países. Como observador y estudioso de la conducta individual y de grupos, ha escrito artículos para entender y mejorar la convivencia urbana y rescatar las tradiciones y los barrios temáticos de las ciudades.

Sus aportaciones han ayudado a más de cien diferentes marcas, muchas de las cuales están dentro de las 500 de Fortune: Pepsico-Sabritas, Danone, Kellogs, Nestle, Nextel, Italiannis, Lawry’s, Bimbo, Cinépolis, Tequila Cuervo, Tequila Sauza, Pedro Domeq, Casas Geo, Maseca, Promexico, TVAzteca, Televisa, Holcim Apasco, Microsoft, Mabe, Smuckers, Folgers Cafe, Tecate, Wings, Fiesta Inn, Fiesta Americana, Marlboro, Alsea, Tecate, Pepsico, Oxxo, DHL, El Globo, Coca Cola, Bacardi, Tecno Lite, Michelin, Gayosso, entre otras.