La filósofa española Adela Cortina, Catedrática de Ética y Moral de la Universidad de Valencia, nos ha hecho cuestionarnos a muchos alrededor del Mundo, el hecho de pensar sobre el pensar y más aún, frente a cómo, encarar el (rechazo al pobre), la aversión que se le tiene dentro de la sociedad, al desposeído, desamparado, mal situado. Principalmente, ante los ojos de todos aquellos que no pueden ver, más que sólo la falta de bienes materiales en que se encuentran sumidos algunos; los cuales, cada día, se transforman en un porcentaje considerable de Seres Humanos en condición de marginalidad o pobreza extrema.

Porque son repudiables a la vista los carentes de todo, aquellos que son calificados como lacras sociales, por no tener recursos económicos concretos y estables, encontrándose excluidos de la educación y del mercado laboral, sufriendo el desprecio e indiferencia social, expresada a través de la mezquindad de quienes solo, los consideran un colectivo que aumenta cada día y, que pone en peligro a los otros sectores de la sociedad económicamente pujantes, debido a la disparidad en la que nos encontramos inmersos, por un capitalismo salvaje y extremadamente individualista.

Así que al darle nombre al odio hacia los pobres, se les reconoce de ésta forma su existencia, su estadía de exclusión en éste Mundo, donde la realidad histórico-social de muchos, se percibe más que ajena e in crescendo, debido a que incluso, se les asesina solo por el hecho de ser económicamente desvalidos.

Entonces, ¿qué hacer filosóficamente hablando? Pues de acuerdo con la filósofa Adela Cortina, primeramente nombrar el problema; el cual en éste caso sería, la aporofobia, para luego, exponer y reeducar a la gente que no es correcto marginar a los pobres, ya que serían doblemente victimizados, por un sistema político-económico y social que se muestra poco amigable con el desposeído.

Ética y moralmente hablando, considero que la cuestión se incrementa en el sentido de que las políticas públicas, no están orientadas a invertir lo suficiente por parte de los estados, para darle las herramientas necesarias a quienes necesitan salir de una condición de pobreza, más allá de solventar en algunos casos sus necesidades básicas, como por ejemplo la alimentación.

Por ello, es necesario abordar el problema desde diferentes flancos y entre estos están, los programas orientados a educar a la sociedad para combatir la invisibilización de la disparidad social, desde las escuelas, colegios y universidades con planes más efectivos, donde se pueda concientizar a la población desde muy temprana edad, sobre que la pobreza no es una enfermedad incurable, es una condición que se puede revertir, habilitando los espacios adecuados que les permitan a las personas pobres, reincorporarse al mercado laboral, para no depender exclusivamente de los programas de ayuda social.

Entonces como actores sociales que somos todos, involucrémonos más y pasemos del discurso a los hechos. Ya que al nombrar a éste flagelo mundial que es la aporofobia, podemos tomar cartas en el asunto y exigir a los gobiernos que la inversión que realicen vaya más allá, permeando a las mentes de los futuros ciudadanos en el sentido de no prestarse indiferentes, asumiendo su cuota de responsabilidad, dentro de una sociedad que debe repensarse a sí misma, desde los que menos tienen.

Porque si no colaboramos juntos, no podremos decirnos realmente Seres Humanos, debido a que es inhumano, considerar que él otro, no forma parte de la misma sociedad, por no gozar de una condición de estabilidad económica que lo distinga, más allá del todo…