Vuelvo a estar optimista de que pueda haber, pronto, una resolución favorable en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). En la prensa estadunidense aparecen diversas notas, al parecer filtradas por los negociadores de ese país, de que los jefes de gobierno de Canadá, Estados Unidos y México anunciarán un acuerdo, en principio, en la próxima Cumbre de las Américas, que se llevará a cabo el 13 y 14 de abril en Perú.

Al parecer, Trump quiere ya cerrar este tema, presionado por varios asuntos.

Primero, anda en la tarugada de enfrentarse comercialmente a China, país al que le ha impuesto algunos aranceles. En represalia, los chinos ya anunciaron lo propio con productos estadunidenses que le pegan a distritos y estados donde los republicanos podrían perder sus escaños en las próximas elecciones legislativas de noviembre. Esto ha tirado las bolsas en Estados Unidos, algo que le preocupa mucho a Trump, quien ha fincado su éxito presumiendo la subida de los índices accionarios.

La bronca de Trump es contra China, una idea que le ha vendido su asesor comercial, Peter Navarro, quien ha escrito profusamente al respecto. Si efectivamente se va a embarcar en una estúpida guerra comercial con los chinos, le conviene cerrar el frente comercial con sus vecinos del norte y sur. EU no puede pelearse con todos al mismo tiempo sin que haya una disrupción monumental en el sistema capitalista que hundiría a las bolsas de todo el mundo.

Pero, además, apremian los tiempos. Cualquier cambio que le hagan al TLCAN tiene que aprobarse por el Parlamento canadiense, las dos cámaras del Congreso estadunidense y el Senado mexicano. Lo ideal para Trump es que la actual legislatura, donde los republicanos tienen mayoría, sea la encargada de la aprobación. Pero, de acuerdo con la ley de ese país, antes de mandar el nuevo tratado a la votación en el pleno, hay que pasar por una serie de procedimientos que toman tiempo. La Comisión de Comercio Internacional de ese país, por ejemplo, tiene hasta 105 días para analizar el impacto económico de lo acordado. Si pasa más tiempo, ya le tocará la aprobación a la próxima legislatura que será votada en noviembre y entrará en funciones en enero de 2019. Resulta muy arriesgado mandarlo al siguiente Congreso, donde los demócratas podrían tener mayoría en una de las cámaras bloqueando toda legislación que envíe el Presidente.

Y luego están nuestras próximas elecciones de julio. El gobierno de EU sabe que López Obrador puede ganar la Presidencia. Y aunque el morenista ha declarado estar a favor del TLCAN, los estadunidenses confían más en Peña que en un candidato conocido por su ambigüedad y franca desconfianza al libre mercado. En este sentido, no es gratuita la carta de varios generales estadunidenses apoyando la continuidad del Tratado como un asunto de seguridad nacional de ese país. Les preocupa que AMLO gane y venga un giro radical a la izquierda en el vecino con el que comparten más de tres mil kilómetros de frontera. La mejor opción es blindarse con un nuevo TLCAN que le siga dando desarrollo económico a México por la vía del libre comercio.

Amén de que el Senado de nuestro país también cambiará en septiembre. No sabemos, por tanto, si habrá los votos para aprobar lo que acuerden los negociadores. Una vez más, lo que conviene es que el presente Senado apruebe el nuevo TLCAN.

Los tiempos políticos apuntan a una pronta resolución en la renegociación del TLCAN. A todos les conviene salvo… a Trump, un tipo predecible por cometer estupideces para quedar bien con su base electoral. Mientras que su administración anda filtrando que están listos a llegar a un acuerdo por lo que quieren ceder en asuntos tan importantes como el componente exclusivo de insumos estadunidenses en la industria automotriz, el Presidente brama contra México incluyendo el TLCAN. Muchos creen que es parte de la estrategia negociadora de Trump. Puede ser. Pero también puede ser que, para quedar bien con su electorado, decida dilatar la renegociación o incluso sacar a EU del TLCAN. Existe una probabilidad de que esto ocurra. Es baja, pero no nula. Trump ha tomado decisiones muy costosas con tal de quedar bien con su base electoral. Decidió trasladar la embajada de su país en Israel a Jerusalén. Decidió jalarle los bigotes al dragón chino con aranceles comerciales. Sigue insistiendo en construir un muro en su frontera sur. Tonterías que le encantan a los trumpistas. Por eso, hay que ser optimistas, pero con cautela.

                Twitter: @leozuckermann