Como en 2006, López Obrador está enojado porque lo están atacando con campañas negativas. De nuevo ha surgido la polémica en torno a este tipo de campañas. El asunto no es menor puesto que, por culpa de lo ocurrido en 2006, la Reforma Electoral de 2007 las prohibió. O, más bien, le dio la facultad al Instituto Nacional Electoral (INE) de censurarlas. Un comité de tres personas de esta organización tiene el poder de decidir si el resto de los mexicanos podemos ver o no un anuncio donde se ataca a uno de los candidatos. A lo largo de estos años, el INE ha decidido de manera dual: ha utilizado esta facultad censurando spots y ha tomado una postura liberal dejando que se transmitan. En esta ocasión, la campaña de AMLO ya ha solicitado al INE censurar spots. Previsiblemente seguirán demandándolo.

Las campañas negativas, ¿son malas o buenas para la democracia? ¿Qué valor tienen? Regreso a este tema retomando la entrevista que le hice a John Geer en 2007. Este politólogo estadunidense publicó un fantástico libro titulado In defense of negativity: attack ads in presidential campaigns. A continuación presento, de nuevo, sus ideas que me parecen fundamentales para este debate:

LZ: ¿Cuál es el argumento de su libro En defensa de la negatividad?

JG: La democracia se trata de permitir que se critique a los que están en el poder y una manera de hacerlo es con anuncios negativos. En los Estados Unidos, al igual que en México, ha habido protestas de que estos spots empeoran la vida democrática: que hacen infeliz a la gente y que nos dividen. Pero todo esto es mentira. Tenemos que criticar a los que están en el poder. Incluso mi libro va un paso adelante y demuestra que los anuncios negativos son mejores que los positivos, que la gente los aprecia más. En mi trabajo demuestro cómo los negativos tienden a hablar más de los temas relevantes (los que más importan al público) que los positivos. Además, son más específicos y es más probable que estén documentados. Esto está soportado por toda la evidencia que encontré.

LZ: Para ello usted tuvo que revisar, codificar y estudiar todos los spots de las campañas presidenciales en los Estados Unidos entre 1960 y el 2004.

JG: Efectivamente. Fueron alrededor de dos mil. Y lo que encontré es que ha habido un incremento en los ataques.

LZ: Usted reporta que, en la última elección presidencial del 2004, los anuncios negativos representaron el 50%.

JG: Así es y todo mundo piensa que son ataques personales, pero no es así. La gran mayoría de ellos tiene que ver con los temas. Sin embargo, si uno escucha la cobertura que los medios hacen de ellos se convierten en personales. Parte de la historia de la negatividad en los EU es su mala cobertura mediática. A los reporteros no les gustan los anuncios positivos o los negativos sobre los temas y los distorsionan. O les dan mucho vuelo a los pocos negativos personales que son muy escandalosos. La principal fuente de distorsión de las campañas negativas son los medios y no los candidatos. Pero yo insisto en mi punto. En una elección democrática la gente necesita información de lo bueno y lo malo, y la gran mayoría de los anuncios negativos, que son sobre los temas y no personales, hacen precisamente eso: informan al público. Es como cuando alguien compra un coche y desea saber las cosas positivas y negativas de éste.

LZ: Y esto es bueno para la democracia.

JG: La democracia no es un asunto divertido. Implica un proceso abierto en la batalla por controlar el gobierno. Por ejemplo, aquí en México, si el PRD quiere el cambio, necesariamente tendrá que criticar y usar campañas negativas.

LZ: De lo contrario no podrá cuestionar al presidente Calderón y al partido gobernante.

JG: Así es. Mire lo que pasó en Estados Unidos con la guerra en Irak. Los republicanos dijeron que no era un patriota cualquiera que la criticara. Y al principio los demócratas se abstuvieron de hacerlo. Fue un error. A lo mejor si la hubieran criticado en un proceso abierto, con campañas negativas, no estaríamos metidos en el brete actual. Siempre que se limita la crítica, salen beneficiados los que tienen el poder, lo cual no es el mejor desenlace para una democracia.

LZ: Hay algunos estudios académicos que demuestran que las campañas negativas promueven el abstencionismo. ¿Es esto cierto?

JG: Los primeros estudios, efectivamente, demostraron esto. Sin embargo, el debate ahora ha cambiado, a si las campañas negativas estimulan la participación. Yo tampoco lo creo. En realidad no hay relación entre ellas.

Mañana publicaré el resto de la entrevista y las razones de por qué no deben censurarse las campañas negativas.

           Twitter: @leozuckermann